lunes, 12 de agosto de 2013

Junio 17 de 2001

Los Sueños con mi padre.

Anoche he soñado nuevamente con mi padre. Sembramos un extenso campo y lo llenamos de árboles que pronto crecieron y se hicieron frondosos, eran tan altos que parecían besar el cielo.

Primero aramos el campo; para ello utilizamos un caballo blanco, tan blanco que los rayos del sol se perdían en él, y su pelaje brillaba como si de él saliera el mismo sol, Recuerdo que llevaba el arado sin mucho esfuerzo; mi padre iba detrás regando las semillas en los surcos que hacia el caballo a su paso; yo en cambio llevaba las bridas del caballo. Cantamos aquellas coplas de zarzuelas y saetas que mi Padre nos cantaba cuando éramos pequeños. No apurábamos el paso; más bien era una faena que parecía /más/ una fiesta; subimos montañas, surcamos valles y al terminar la jornada, nos sentamos en un alto a mirar nuestra tarea. Y allí desde allí divisamos nuestros árboles ya crecidos.

Yo le pregunté a mi Padre el por qué de lo que habíamos hecho; y él me respondió; -el rey necesita salir a cazar y sólo un bosque como el que hemos sembrado le dará el gusto de ir en busca de liebres, venados y otros animales. Y así fue, allí estaba el bosque con todo y animales; en un campo donde en la mañana sólo había soledad y sequía,

Mi Padre y yo volvimos a la ciudad, lo hicimos caminando, llevando con nosotros sólo a un gran mastín negro llamado Loso. Yo iba de gancho del brazo de mi Padre y en la otra mano tenía el collar con el que sujetaba a Loso. Caminamos por grandes calles y avenidas, era de noche y los carros con sus luces iban y venían; algunas veces nos deteníamos para mirar la luna o esperar que los semáforos cambiaran; pero en ningún momento mi Padre detenía su charla, y su canto que era siempre ameno para mis oídos.